Pablo Ricoeur (1913-2005)
Para Ricoeur, la "filosofía reflexiva" es parte de la "re-flexión" sobre sí mismo, para establecer el "yo" del pensamiento como primera verdad: "pienso, luego existo". Pero Ricoeur piensa que que la "reflexión no es intuición" del yo porque el "yo pienso" es solo una verdad abstracta y vacía. El yo solo puede ser encontrado en sus objetivaciones. Por ello dirá que el la reflexión solo puede entenderse como "el esfuerzo por aprehender el Yo del Ego cogito en el espejo de sus objetos, de sus obras y, finalmente de sus actos". El Yo vive perido y olvidado de sí ente sus obras, en las cuales se manifiesta su deseo y esfuerzo por existir. La reflexión no debe dirigirse entonces directamente hacia el Yo sino hacia sus obras y acciones, las que dado su carácter ambiguo, deben ser interpretadas. Así, la filosofía reflexiva se convierte en "filosofía hermenéutica" o interpretativa.
El símbolo
Ricoeur define el símbolo como un signo cuyo significante (palabra, objeto, gesto, etc.) posee un "doble sentido" o significado, de manera tal que el significado primero y manifiesto remite a un segundo significado que solo puede ser alcanzado a través del primero.Sin embargo, observará que no hay una única forma de interpretar los símbolos del lenguaje, así, para Freud son un disfraz de los deseos reprimidos, o para la fenomenología religiosa de
Mircea Elíade, una revelación de lo sagrado. Se observan así conflictos entre las interpretaciones entre concepciones contrapuestas. De esta forma, la interpretación puede ser considerada un "ejercicio de sospecha" en tanto interpretar es desenmascarar ilusiones (falsos valores para Nietzche, ideologías para Marx o pulsiones inconcientes para Freud o bien, la interpretación es "recolectar" el sentido, en tanto hay una "verdad" en el símbolo.
En un principio, Ricoeur se inclina hacia la segunda de las interpretaciones, concibiendo al signo como un restaurador del sentido, aunque considerando que la hermenéutica debe unir dialectica mediante la sospecha y la confianza, la desmitologización y la restauración del sentido. Y así, concebirá a la hermenéutica como una "arqueología del sujeto" (descubriendo lo ancestral y primitivo) pero también una "teología de la conciencia" buscando símbolos o figuras que le dan sentido al progreso de la conciencia de sí mismo.
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